Todos los días son de la mujer digital


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Con Ada Byron, la primera programadora informática, la mujer entró en la historia del mundo tecnológico abriéndose camino hasta nuestros días. No podemos decir lo mismo del resto de las áreas profesionales porque, muy a nuestro pesar, la historia ha sido contada por hombres. Pero de los algoritmos de la máquina analítica de mediados del siglo XIX a internet de finales del XX ha habido un trecho. Sin embargo, cada aportación fue decisiva para llegar a la era 2.0.

A principios de la década de los 90 comenzó a popularizarse el término y en el nuevo siglo ya era mundialmente conocido. Aquel novedoso espacio suponía para muchos una oportunidad para configurar un nuevo paradigma social. La despersonalización en materia comunicativa cambió nuestras formas de relacionarnos en lo virtual y el descubrimiento hacia esa Sociedad de la Información cada vez menos limitada, promovió en un par de décadas una revolución del conocimiento.

Sin embargo, a pesar de que esa plataforma llegase en un momento donde la sociedad concedía progresivamente mayores políticas de igualdad, el arraigo cultural y relaciones de poder acabaron determinando el disfrute de los beneficiarios de las TIC. Durante la Conferencia Ministerial de la Unión Europea en Riga, en 2006, se destacaron los principales sectores donde se encontraban brechas digitales en las TIC. La mujer se incorporaba a la listas, junto con las personas mayores, discapacitados, desempleados o inmigrantes, en riesgo de exclusión digital.

Por entonces el consumo de Internet, según la Encuesta sobre Equipamiento y uso de tecnologías de Información y Comunicación en los hogares (INE), estaba más marcado por el hombre con un 64% a nivel nacional y un 57% en Andalucía, frente a la mujer que rondaba el 58% y el 53% en la comunidad andaluza. El uso de las TIC ha ido creciendo porcentualmente aunque mantiene esa diferencia de género hasta 2011 donde la tendencia se iguala, alcanzando el 70% de usuarios beneficiaros de ambos géneros.

Esa diferencia en el uso y consumo de las TIC afectaba tanto al uso del móvil, el ordenador, internet, el comercio online, como a aparatos electrónicos. Las diferentes brechas con las que se encontraba una mujer a la hora de desenvolverse en ese nuevo espacio eran las mismas que en la vida real: disponía de menos tiempo de ocio, se encontraba con rigurosos criterios de excedencia profesional, una considerable brecha salarial registrada hasta la actualidad, menos incorporación al mercado laboral y/o a puestos informatizados en detrimento de labores más domésticas…

La doctora en materia de género, Celia Castaño Collado, en su investigación sobre Mujeres Andaluzas en la Sociedad de la Información, apuntaba una notable diferencia en el uso que ambos géneros hacían en su acercamiento a las TIC. Así, la mujer accedía a Internet con un sentido más práctico: para mejorar el capital humano; mientras que el hombre aprovechaba un consumo más lúdico. Esto se debía, ̶̶ y debe-, en gran medida porque la mujer no ve representado sus intereses en ese espacio donde siguen predominando los estereotipos de géneros.

Los valores del mercado se trasladaron a la web, con todas sus connotaciones y peculiaridades. No será hasta una década después del segundo milenio cuando se homogenice el consumo con el auge de las redes sociales y el uso generalizado del dispositivo móvil, sobre todo, entre la población más joven. Actualmente en el sector de las TIC trabajan 7 millones de personas en Europa, de las que el 30% son mujeres. La poca participación femenina es una constante en toda la Unión Europea, aunque curiosamente es mayor en los países del sur: España, Portugal, Grecia e Italia (35,6 %) y en Europa oriental (34,3 %) frente a Europa occidental (29,4 %) o norte (28,6 %).

Andalucía sigue encontrándose por debajo de la media Española y Europea, pero los avances son positivos. El pasado año, por primera vez, se logró que hubiese más usuarios de internet (76,2%) que ordenadores (73,3%). El 77% de los internautas accedieron mediante el teléfono móvil y más de la mitad de la población participa en redes sociales. Por otro lado, la mujer presenta un mayor índice de graduados universitarios y probablemente, la tendencia para los próximos años sea una incorporación femenina superior a puestos de trabajos informatizados.

La brecha de género ya no es tan palpable en materia de uso, pero sí en el tipo de productos que se consumen a través de internet y los mensajes publicitarios que inundan nuestras pantallas. Se trata principalmente de patrones sociales que se trasladan al ámbito económico y por ende al digital, repitiendo las conductas sexistas a veces imperceptibles o soluble bajo un manto manido y obsoleto de “tradición cultural”.

Post escrito y publicado en el blog de Andalucía Compromiso Digital (06/03/2015)
Imagen: Empresa de Comunicación XUL

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